10
Nov

Sobre la Eutanasia

Una compañera, Natalia Pedrajas (directora de APEC) me invitó a un debate sobre la eutanasia en facebook, aquí dejo la reflexión que planteé sobre el tema.

Es un tema especialmente polémico. Aquí se dicen muchas cosas todas ellas muy acertadas desde la vivencia de cada (referido al debate en cuestión). Por mi parte soy defensor del derecho a la vida digna que choca con la obstinación terapéutica, es decir, querer tratar a cualquier precio o continuar tratando cuando el malestar supera los beneficios de cualquier tratamiento que en muchos casos suele ser paliativo ay que no hay tratamiento activo. El mantener a nuestro familiar con vida a cualquier precio se debe a nuestra propia incapacidad para dejarle marchar.

Eutanasia es un término que no me gusta, significa bien morir y yo no conozca ninguna forma buena de morir, es mejor hablar de muerte asistida. Refirámonos nos obstante a eutanasia entendiendo que es un lugar sinónimo de este último.

Aquí habría que diferenciar entre la “eutanasia indirecta” en la que la muerte sobreviene como consecuencia inevitable del tratamiento para aliviar el dolor, esto es muy frecuente en cuidados terminales ya que la contrapartida de la sedación es que deprime la tasas respiratoria y es muy sutil la linea que separa el alivio del dolor de la parada cardiorespiratoria.

Por otro lado hablaríamos de  “eutanasia directa” como una forma de acelerar la muerte o como otros prefieren no alargar la vida no digna ya sea de forma pasiva (por omisión), es decir, interrupción de los medios necesarios para la vida como la respiración asistida donde no llevarlos a cabo muchas veces como decía tiene  que ver con la obstinación de profesionales y/o familiares ya que llegado este punto el nivel de conciencia suele ser mínimo como pronunciarse; o activa (provocando la muerte) donde el paciente pone sus propios medios para interrumpir voluntariamente su vida o requiere de la colaboración necesaria de otro. Este segundo es si cabe más polémico porque es otra persona la que decide con o sin mi consentimiento interrumpir mi vida lo que podría estar motivado por la necesidad de poner fin al dolor de quién agoniza y de quién le vela.

En estos dos casos es muy fácil opinar desde la distancia pero quien tiene una enfermedad grave que compromete una vida digna, esa angustia que sólo quién la vive sabe lo que es, como se distingue quién decide movido por la desesperanza y la depresión y quién en un ejercicio de madurez personal entiende que su vida llega a su fin y no quiere prolongar una agonía que consideran innecesaria.

En España en cualquier caso no es legal y es más es un delito grave, la cuestión es que se pretende preservar la vida, como decía antes hay gente que su propia afección del estado de ánimo le lleva a esta postura como llegaría al suicidio un depresivo. La legalidad no puede dibujar matices y ante la duda prefiere los falsos negativos, es decir, proteger a los que están enajenados aunque ello implique limitar a los que conscientemente quieren poner fin a su sufrimiento.

Como algunos sabéis trabajé tiempo en cuidados paliativos terminales y es increíble lo que se puede aprender de personas en situaciones tan difíciles pero para eso hay que escucharlos y preguntarles sin miedo.

Soy firme defensor de la “voluntades anticipadas”, aunque no tenga vinculación legal es un documentos donde constatamos lo que queremos que sea de nosotros en caso de que nuestra conciencia se vea comprometida y esto va desde designar nuestro tutor, a decidir la no RCP o que donen nuestros órganos. De esta forma y aunque algunas de nuestras voluntades no sea realizables desde el punto de vista legal por lo menos tendremos claro que la decisión no es consecuencia del dolor del familiar que no quiere dejarme marchar o que no quiere seguir sufriendo, sino nuestra voluntad cuando aun teníamos conciencia para decidir sobre nuestro destino.

Del mismo modo soy firme defensor del preduelo, es decir, iniciar la elaboración de la pérdida de quién nos tiene que dejar. Hay quién pensara que significa desahuciar al enfermo o perder la esperanza; más bien nuestro dolor va obligar a quién tiene que irse a permanecer con agonía. De forma adicional se toman decisiones importantes que no se verán claras en el momento del fallecimiento y además hará ese duro trago más asimilable. Además nos permite resolver temas pendientes con nuestro ser querido. Si no estoy embargado por el dolor de la perdida y la negación de la misma es más fácil que me despida y deje marchar al que se tiene que ir en paz.

Con todo no me posiciono ni en contra ni a favor de la eutanasia. Defiendo es el derecho a una vida y a una muerte digna y en esta materia creo que quedan cosas por hacer.

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